Expositores analizaron profundo impacto de la Reforma Agraria en la sociedad chilena

La Universidad fue sede de una jornada en la que se expusieron diversas visiones de ese hecho, con motivo del 50° aniversario de este proceso.

Uno de los hechos más relevantes del siglo XX fue la Reforma Agraria, por su gran impacto social, productivo y político, a juzgar por la reflexión de diversas personalidades que intervinieron en el programa de conmemoración del 50° aniversario de ese proceso, acto que se llevó a efecto en el salón “Abate Molina”.

El Ministro de Agricultura, Carlos Furche; el intendente, Pablo Meza; el ex vicepresidente ejecutivo de la Corporación de Reforma Agraria y asesor de organismos internacionales, Rafael Moreno; el rector, Álvaro Rojas, y el obispo de Linares, Tomislav Koljatic, estuvieron entre los participantes en este acto, en el que hubo reflexiones sobre distintos enfoques acerca de ese suceso histórico.

“¿Es hora de cerrar o abrir nuevos surcos?”, es la pregunta que dejó planteada el intendente, en tanto Rafael Moreno se refirió a los orígenes históricos del proceso, destacando lo realizado por los gobiernos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende, como también a la contrarreforma llevada a cabo durante la dictadura. Mencionó especialmente el rol de la Iglesia Católica que promovió e inició la reforma agraria y a un conjunto de leyes que contribuyeron también a otorgar dignidad a los campesinos.

Moreno precisó, entre otros aspectos, que la ley de sindicalización campesina permitió pasar de 1.200 a 300 mil los trabajadores del campo agrupados en este tipo de organizaciones.

Sostuvo también que entre 1964 y 1970 se expropiaron tres millones y medio de hectáreas y se crearon mil asentamientos. Durante ese periodo, la producción anual del sector se elevó de 1,6 a 4,6 por ciento. Agregó que en el gobierno de Allende, las expropiaciones alcanzaron los seis millones de hectáreas y, en el de Pinochet, un tercio de la tierra expropiada volvió a sus antiguos propietarios; otro tercio pasó a manos privadas a través de procesos poco transparentes y el tercio restante se distribuyó entre 40 mil parceleros, pero sin apoyo del Estado para hacer producir sus parcelas.

 

Fin del inquilinaje

“La Reforma Agraria fue posiblemente uno de los cambios más profundos de Chile, que terminó con el inquilinaje, pariente análogo de la esclavitud”, enfatizó.

Tanto Rafael Moreno como el rector Álvaro Rojas expusieron sobre las condiciones indignas en que vivían los campesinos antes de la reforma.

Rojas, quien habló desde su perspectiva de profesional del agro, describió los factores que gatillaron la Reforma Agraria y explicó que el país exportador de trigo, vino y limones dio paso, después de la gran depresión, al modelo de industrialización sustitutiva que castigó a la agricultura con fijación de precios e incluso de cuotas de producción, de tal modo que este sector dejó de ser atractivo para invertir. A la par con la promoción de la industria, se comenzaron a producir fuertes corrientes migratorias hacia las grandes ciudades y progresivamente el país empezó a importar más alimentos, mientras el crecimiento de la producción agrícola era bastante discreto.

También reflexionó sobre la grave situación social que afectaba a los campesinos. Entre otras cifras, señaló que el analfabetismo era del 16 por ciento en las ciudades y de un 34 por ciento en el campo; los niños sin educación básica llegan al 10 por ciento en la ciudad y a un 50 por ciento en el sector rural; en 1960 el 90 por ciento de las viviendas rurales estaba en mal estado; el 66 por ciento de los pisos eran de tierra; el 92 por ciento no tenía baño y agregó que en 1957, los ocupantes por pieza en el mundo rural era de 6,3 personas.

“La agricultura ya no aportaba alimentos porque la estrategia de industrialización castigó a este sector y, además, la situación social era gravísima”, dijo y añadió, en existía una enorme concentración de la propiedad de la tierra.

 

Urgencia

Tales hechos gatillaron, según sostuvo, la urgencia con que el Presidente Frei planteó, en 1974, la necesidad de una reforma agraria como parte de una política que no solo consideraba nuevos propietarios, sino también diversificar la producción, entrega de asistencia técnica, esfuerzos en materia de investigación, control de enfermedades y plagas y todo un desarrollo de la infraestructura. Por lo mismo recalcó que la Reforma Agraria no solo debe analizarse con criterios productivos, sino también en su dimensión social. “Dio dignidad a casi la mitad de la población chilena. La Reforma Agraria fue un proceso social”, remarcó.

En otra intervención, el economista Manuel Marfán, director del programa Cieplan-UTALCA, calificó la reforma como “un salto a la modernidad” y como tal “un proceso necesario”.

Al analizar el impacto de este, manifestó que si bien hay menos personas en la agricultura, “ha habido un salto gigantesco de productividad, con un punto de quiebre que se produjo en los años 90, en que comienza a necesitar más mano de obra y se revierte la historia”, relató.

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